Una madre que nutre nos da seguridad en el mundo

La figura materna es clave para un desarrollo emocional saludable en la infancia y más allá.

Mamaaaaaa (llanto), es posiblemente el reclamo más realizado a lo largo de la historia y con seguridad el sonido que más ansiedad y alarma provoca en la madre.

No cabe duda de que el papel de la figura materna en la crianza durante los primeros años de vida de un bebé es de vital importancia, ya que es en este período cuando se asientan las bases para el desarrollo emocional, social y cognitivo del niño. Posteriormente claro que continúa la evolución del niño, pero este período inicial es crítico.

En general, se considera que el vínculo entre la madre y el bebé es uno de los más fuertes y significativos en el desarrollo. Al nacer, los sentidos no están desarrollados, así que el contacto físico, proporcionado principalmente por la madre, es muy importante para que el bebé sienta seguridad, consuelo y sensaciones agradables, necesarios para su regulación emocional. Desde el nacimiento, el pequeño ya empieza su aprendizaje emocional y social, así que los modelos que tenga próximos serán los principales maestros de las habilidades sociales y emocionales que lo enseñarán a comunicarse e interactuar con el mundo. 

En la actualidad, gracias a la tendencia social hacia conductas y roles más igualitarios se ha demostrado que, cuando tanto la madre como el padre están presentes y son cariñosos, involucrados y responsables en el cuidado del bebé, esto tiene un impacto positivo en su desarrollo y bienestar.

¿Cuáles son las principales funciones de la madre en la crianza temprana?

  1. Proporcionar cuidado físico: La madre es a menudo la principal cuidadora del bebé en los primeros meses de vida, y proporciona cuidado físico como alimentación, cambios de pañales, baño y vestimenta.
  2. Proporcionar seguridad emocional: Los bebés necesitan sentirse seguros y amados. Es a través del contacto y la proximidad físicas, como la madre desempeña un papel fundamental en la provisión de seguridad emocional al bebé.
  3. Crear un vínculo emocional con el bebé: La madre es generalmente la primera persona con la que el bebé tiene un vínculo emocional, y esta relación es esencial para el desarrollo emocional y social del bebé.
  4. Fomentar el desarrollo cognitivo: La madre fomenta el desarrollo cognitivo del bebé proporcionándole estímulos adecuados y oportunidades para explorar su entorno, así como comunicándose con él de manera afectiva y responder a sus necesidades.
  5. Proporcionar un ambiente seguro y de apoyo: La madre es la responsable de proporcionar un ambiente seguro y de apoyo para el bebé, asegurándose de que sus necesidades físicas y emocionales estén satisfechas.

Estas funciones, en el pasado más predominantes en la figura materna, ya están muy compartidas entre ambos progenitores en la actualidad y trabajar juntos como equipo tendrá un impacto más positivo en el desarrollo y bienestar del niño.

Desde el punto de vista de las distintas corrientes psicológicas, la relación entre la madre y el bebé durante los primeros meses de vida es fundamental para el desarrollo emocional y psicológico del niño.

Según Sigmund Freud, el vínculo materno – filial se desarrolla en la etapa oral del desarrollo, que abarca aproximadamente el primer año de vida del niño. Freud sostiene que la madre desempeña un papel fundamental en la formación del Yo del niño, proporcionando un ambiente seguro y estable para el bebé y satisfaciendo sus necesidades. A través de esta relación, el niño desarrolla su autoestima y su confianza en el mundo que lo rodea.

Otro teórico importante en el campo del psicoanálisis, John Bowlby, desarrolló la Teoría del Apego, que se centra en la relación entre el niño y la figura de apego, generalmente la madre. Según Bowlby, el apego es una necesidad básica del ser humano, y el niño necesita, al menos, una figura de apego estable y segura para desarrollarse de manera saludable. Sobre este apego seguro se establecerá la autonomía y autoestima posteriores que permitirán al niño afrontar los distintos momentos y situaciones de su vida.

Sin un apego seguro bien desarrollado, la probabilidad de padecer trastornos del comportamiento o psicológicos en la niñez y adultez es muy alta.

Etapas del desarrollo del vínculo entre la madre y su hijo:

  1. Etapa pre – apego  (de 0 a 6 semanas): En esta etapa, el bebé todavía no ha desarrollado un apego específico con una figura de cuidado. En su lugar, los bebés están equipados con patrones de comportamiento innatos que les permiten atraer la atención y el cuidado de los adultos. 
  2. Etapa de apego inicial (de 6 semanas a 6-8 meses): En esta etapa, los bebés comienzan a desarrollar un vínculo afectivo con una o varias figuras de cuidado. El apego comienza a establecerse a través de interacciones positivas y predecibles con estas figuras, como ser alimentados, cambiados y consolados cuando lloran. Comienzan a desarrollar un comportamiento específico para atraer la atención de sus figuras de apego, como sonreír o llorar.  También empiezan a demostrar cierta preferencia por estar con sus figuras de apego en lugar de otros adultos, buscan la proximidad y el contacto con estas figuras y experimentan ansiedad cuando se separan de ellas.
  3. Etapa de apego establecido (de 6-8 meses a 18-24 meses): En esta etapa, los bebés forman vínculos más fuertes y específicos con una o varias figuras de cuidado. Los bebés comienzan a usar a estas figuras como una base segura desde la cual pueden explorar su entorno. Se atreven a alejarse paulatinamente porque tienen la seguridad de que podrán volver.
  4. Etapa de reciprocidad (de 18-24 meses en adelante): Comienzan a desarrollar habilidades cognitivas que les permiten comprender y responder a las emociones, necesidades y deseos de sus figuras de cuidado. También comienzan a buscar la reciprocidad en su relación con estas figuras, lo que les permite desarrollar un sentido de confianza y seguridad en sus relaciones interpersonales presentes y futuras. Continúan explorando su entorno de manera más independiente, pero aún buscan a sus figuras de apego como una fuente de apoyo emocional y seguridad.

¿Cómo debe comportarse la madre para construir un apego seguro?

La Teoría del Apego de Mary Ainsworth propone que la forma en que los padres interactúan con sus hijos durante los primeros años de vida es fundamental para el desarrollo de un apego seguro en los niños. Según Ainsworth, existen cuatro patrones principales de apego: seguro, evitativo, ambivalente y desorganizado. El apego seguro es el patrón deseado, ya que se asocia con un mejor bienestar emocional y social en la infancia y en la vida adulta.

Para construir un apego seguro:

Ainsworth recomendó que las madres adopten ciertos comportamientos que fomenten la conexión emocional con sus hijos. A continuación, se detallan algunos de estos comportamientos:

  1. Sensibilidad: Las madres deben ser sensibles a las señales y necesidades de sus hijos y responder de manera adecuada y oportuna. Esto significa estar atentas a las señales no verbales del niño, como su lenguaje corporal, y proporcionar una respuesta amorosa y apropiada.
  2. Disponibilidad: Las madres deben estar disponibles para sus hijos cuando los necesiten. Esto implica estar presente tanto física como emocionalmente, asegurándose de que el niño se sienta seguro y protegido en todo momento.
  3. Afecto: Las madres deben mostrar afecto y amor por sus hijos de manera consistente y demostrar que se preocupan por su bienestar emocional. Los abrazos, las caricias y el contacto físico son importantes para establecer un vínculo emocional fuerte y positivo.
  4. Estimulación: Las madres deben proporcionar a sus hijos oportunidades de exploración y estimulación seguras y apropiadas para su edad. Esto incluye jugar con ellos, leerles y hablarles de manera regular para fomentar su desarrollo cognitivo y emocional.

Ainswoth propone también la participación activa del padre en la crianza, compartiendo tareas de cuidado y responsabilidades con la madre. Esto ayuda a los niños a sentirse seguros y amados por ambos padres, lo que a su vez fomenta su desarrollo emocional y social positivo.

Es importante comprender que, desde el nacimiento, la madre y su bebé aprenden constantemente uno del otro a través de sus interacciones. El bebé, en las primeras semanas, no será capaz de emitir respuestas distintas para necesidades diferentes (hambre, sed, sueño, aseo, malestar, etc.) y será la madre la que tenga que “adivinar” cómo consolar al pequeño. 

La madre (y el padre), tienen que darse la oportunidad y darse el tiempo, la paciencia y la calma para discriminar las distintas respuestas de su hijo, desde la serenidad, no desde la ansiedad o la emergencia, de manera que puedan aprender y conseguir que las interacciones con el bebé sean lo más reforzantes para ambos.

¿Qué relación hay entre la autonomía y la autoestima del niño?

Desde el momento del nacimiento, la función principal de los padres será la de dotar de cuidados y herramientas a su hijo para que pueda adaptarse en las próximas etapas de su vida y valerse por sí mismo en la adultez, es decir, construir a una persona autónoma y capaz.

La autonomía y la autoestima están estrechamente relacionadas. La construcción de la autoestima del niño se basa en la capacidad de desarrollar un sentido de competencia y autonomía en la realización de actividades.

La autonomía puede entenderse desde distintas perspectivas: 

  1. Autonomía física: Es la capacidad del niño para realizar actividades físicas y cuidar de sí mismo. Esto incluye habilidades como caminar, correr, vestirse, lavarse las manos y cepillarse los dientes.
  2. Autonomía emocional: Es la capacidad del niño para comprender y regular sus emociones. Esto incluye la capacidad de identificar sus emociones, expresarlas de manera apropiada y manejar situaciones emocionales difíciles.
  3. Autonomía cognitiva: Es la capacidad del niño para pensar y tomar decisiones por sí mismo. Esto incluye habilidades como la resolución de problemas, la toma de decisiones, el razonamiento lógico y la creatividad.
  4. Autonomía social: Es la capacidad del niño para interactuar y comunicarse con los demás. Esto incluye habilidades como la comunicación, la negociación, la resolución de conflictos y la empatía.

El apego seguro será la base sobre la que se apoyará la autonomía y, sobre ésta, una autoestima sana y fuerte.

Cuando un niño tiene la oportunidad de tomar decisiones y resolver problemas por sí mismo, aumenta su confianza en sus propias habilidades y capacidades. Esto, a su vez, fomenta el desarrollo de la autoestima del niño. Por el contrario, cuando un niño no tiene la oportunidad de tomar decisiones o resolver problemas por sí mismo, puede sentirse inseguro y desanimado, lo que puede afectar negativamente a su autoestima. Los padres tienen la responsabilidad de fomentar progresivamente la autonomía del niño, mediante la supervisión cercana, permitiendo la exposición a las distintas situaciones y permitiendo el error.  Tanto la madre como el padre tendrán que aprender a superar sus propias dificultades y evitar proyectarlas en el pequeño. 

Por ejemplo, si un padre es muy tímido, es posible que evite situaciones sociales, como el parque o los cumpleaños de otros niños, no permitiendo una exposición social adecuada y suficiente para el menor; si una madre es muy temerosa, es probable que impida la exploración de su hijo por miedo a que se haga daño, dificultando su exposición a experiencias valiosas. En ambos casos, los cuidadores tienen que aprender a gestionar sus propias limitaciones o, en caso de no sentirse capaces, aceptar que sea otra figura de apego (el cónyuge u otros), la encargada de proporcionar la estimulación adecuada que fomente la autonomía.

La falta de situaciones sociales, actividades retadoras o estimulación que suponga superación y creatividad, retrasará o impedirá una autonomía completa. Uno de los signos más habituales de subdesarrollo de la autonomía es la ansiedad por separación. 

¿Qué conductas de los padres fomentan la ansiedad por separación?

La ansiedad por separación es una respuesta emocional normal en los niños pequeños cuando se separan de sus padres o cuidadores principales. Sin embargo, ciertas conductas de los padres pueden fomentar la exacerbación o el mantenimiento de la ansiedad por separación. Algunas de estas conductas incluyen:

  1. Sobreprotección: los padres que se muestran muy protectores pueden hacer que el niño se sienta más inseguro al separarse de ellos. Esto puede fomentar la intensidad de la ansiedad por separación, ya que el niño se acostumbra a que siempre estén presentes y siente que no puede hacer frente a la separación.
  2. Rituales prolongados de despedida: cuando los padres prolongan demasiado las despedidas, pueden generar mayor estrés y ansiedad en el niño. Es mejor una despedida breve y tranquila, que le permita al niño entender que la separación es temporal y que los padres volverán.
  3. Hablar en exceso sobre el momento de la despedida: los padres que hablan en exceso sobre la separación pueden generar más ansiedad en el niño. Es importante hablar de la separación con naturalidad y sin dramatismo, para que el niño comprenda que es algo normal y que los padres volverán.
  4. No establecer rutinas: los niños necesitan tener una rutina diaria que les brinde seguridad y estabilidad. Si los padres no establecen una rutina, el niño puede sentirse inseguro y ansioso.
  5. Ausencias prolongadas o frecuentes: los padres que se ausentan por períodos prolongados o de forma frecuente pueden generar más ansiedad en el niño. Es importante que el niño comprenda el motivo de la ausencia y que los padres les informen cuando regresarán.

Sin un apego seguro, no habrá una autonomía adecuada y la autoestima del niño y del adulto posterior será baja, provocando dificultades de adaptación y sufrimiento emocional.

Las mamás no tienen el manual de instrucciones, y los hijos vienen con muy pocos recursos para comunicar sus necesidades, así que la maternidad viene cargada de una elevada angustia y sensación de incompetencia. No es extraño encontrarse en terapia con madres que tienen la sensación de ser “mala madre” por no saber reaccionar “adecuadamente” ante determinadas situaciones. Por eso, es de fundamental importancia que la madre reciba apoyo emocional de su red de soporte social. Amor, paciencia, comprensión son claves para que la madre gane confianza en sus funciones y no se castigue cuando comete un error. Entender que son humanas y que hacen lo mejor que saben y pueden, es el mejor regalo que se les puede hacer a ellas y a sus hijos.

En el mes de la madre celebramos esta figura que es de vital importancia para formar adultos autónomos, seguros y sobre todo felices. 

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